1. ¿La estructura aguanta?
Si hay que reforzar cimentación o sustituir losas, remodelar deja de ser barato. Esa revisión la hace un profesional en una visita, no el vecino.
2. ¿Qué tanto vas a mover?
Cambiar acabados es remodelar. Mover baños, cocina y muros de carga es casi volver a construir por dentro, con el costo de demoler encima.
3. ¿La casa da lo que necesitas?
Hay casas que no dan más: el terreno ya no permite crecer, o la distribución original pelea con lo que hoy necesitas. Se puede forzar, pero se nota al vivirla.
4. ¿Cuánto vale lo que ya está hecho?
Instalaciones nuevas, muros en buen estado y una fachada sana valen dinero. Tirar eso para empezar de cero es un costo que a veces no se cuenta.
5. ¿Y el trámite?
Remodelar o ampliar menos de 50 m² es un trámite menor; arriba de eso pide DRO y proyecto. Demoler más de 60 m² tiene su propio trámite, con memoria descriptiva firmada por un DRO vigente. Conviene sumarlo a la cuenta desde el principio.
La regla práctica
Si la remodelación se acerca a la mitad de lo que costaría construir nuevo, vale la pena sentarse a comparar las dos opciones en serio, con números y no de oído.